Antes de acompañar este camino… tuve que recorrerlo.

Durante mucho tiempo me volví extremadamente capaz: sosteniendo, resolviendo y demostrando.

Y mientras más lo hacía…

más me alejaba de mí.

Por mucho tiempo creí que necesitaba encontrar algo afuera que corrigiera el vacío que sentía adentro.

Hasta que supe que no necesitaba convertirme en alguien más.

Yo necesitaba volver a mí.

Pero ese saber no llegó de un día para otro.

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Durante años busqué respuestas.

Estudié.

Me formé.

Probé distintos caminos.

Leí.

Lloré.

Aprendí.

Y aunque cada paso me aportó algo…

seguía sintiendo que todavía no tocaba la raíz.

Hasta que un día tuve la consciencia de que:

aquello que llevaba tanto tiempo buscando nunca había estado afuera.

Ahí comenzó mi verdadero regreso.

Y con él, una nueva manera de elegirme, de habitar mi vida y reconocer quién soy.

Porque reconocí que existe una verdad profunda dentro de cada mujer.

Una sabiduría interna.

Una brújula.

La parte más auténtica de nosotras que siempre sabe.

Y aunque muchas veces dejemos de escucharla…

nunca desaparece.

Así llegué hasta aquí.

Hoy, acompañar a otras mujeres a recordar quiénes son, a volver a escucharse y a recuperar la autoridad sobre su propia vida no es solamente lo que elijo compartir.

Si no, que es una expresión natural de mi verdad.

De habitarme plenamente.

De honrarme.

Y de vivir profundamente conectada conmigo misma.

No creo que nadie pueda decirte quién eres.

Ni recorrer tu camino.

Por eso, no camino delante de ti.

Camino contigo hasta que vuelvas a escucharte con claridad.

Y ese…

es el espacio que hoy elijo sostener.

Creo profundamente que toda mujer posee una verdad que nunca desaparece.

Una verdad que espera ser escuchada otra vez.

Y si hoy acompaño este camino…

es porque conozco la inmensa fuerza que nace de la libertad cuando una mujer vuelve a encontrarse con ella.

Y porque sé que esa misma fuerza…

también vive dentro de ti.

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