El día que descubrí qué era mi TODO y el divorcio se lo llevó.
Cuando tomé esa primera Clase de Barras de Access iba llena de esperanza, emocionada como si fuera mi primer día en la escuela.
Y al salir me sentí aliviada como si me hubieran quitado un peso de encima porque llevaba años sintiéndome tonta y errónea por no ser feliz.
Y si algo descubrí y me aportó ese día esa clase fue esto:
No hay nada mal en mí.
Y aunque no tenía las respuestas que fui buscando, ni tampoco me dieron las soluciones concretas para arreglar mi situación, sí me sentía mejor por alguna “extraña razón”.
La voz que ya estaba ahí.
Recuerdo que, simplemente estaba muy contenta descubriéndome en esta nueva faceta con esta nueva información y nuevas herramientas de consciencia que me hacían mucho sentido, y que desconocía hasta ese momento.
Entonces, recuerdo también que estaba en el teléfono platicándoselo a mi esposo (que por cierto se había ido a un viaje de negocios a Europa).
Y de repente empezamos a discutir y recuerdo perfecto el instante en el que escuché -dentro de mí- una voz que decía:
«Es que si esto es él, entonces no vamos a llegar muy lejos ya, y no tenemos nada qué hacer juntos».
Recuerdo perfecta y clara esa voz.
Era mi voz.
Era yo misma observando la situación desde afuera mientras lo escuchaba simultáneamente a él, en el teléfono discutir conmigo.
Ya sé, parece surreal, pero así es cuando la consciencia empieza a reconectar contigo y así fue.
Sin embargo, yo aún no concebía la dimensión de lo que acababa de suceder, y recuerdo que me dejó muy preocupada, porque yo empecé todo esto buscando arreglarme a mí para ser feliz con él porque no lo quería perder.
Pero ahora faltaba arreglarlo a él.
Y entonces le insistí en que se ocupara de él, y lo hice ir al menos a una terapia con psicólogo, porque él no exploraría cosas tan diferentes como la clase que yo había tomado.
El cambio que no esperaba.
Eso fue un miércoles (3 días después de mi clase), el sábado fue a su terapia.
Me pidió espacio sin llamadas el fin de semana para reflexionar.
Y el lunes: me llamó para pedirme el divorcio.
Cuando lo escuché pronunciar esas palabras sentí literalmente una bomba detonarse dentro de mí, destruyéndolo todo al instante y de un solo golpe.
Debería de haberme muerto, pero no fue así.
No morí, al menos no físicamente, pero sí sentía que me estaba deshaciendo.
No podía parar de llorar, no podía tampoco respirar bien.
Gritaba de dolor.
Y no estoy exagerando, quienes lo han vivido, sé que me entienden perfectamente.
Es un dolor tan profundo cuando pierdes al hombre que has amado con todas tus fuerzas por años.
Al que le entregaste tu corazón, tu alma, tu cuerpo y tu vida entera.
Y que de pronto te diga: ya no quiero estar contigo, ya no me va nada de lo que eres ni lo que haces, estoy harto, quiero el divorcio.
Seguido de una letanía de todos tus defectos y errores, es sin duda una bomba nuclear que lo destruye TODO.
¿Recuerdan que les platiqué en la carta anterior, que el cambio que me trajo esa clase, esa elección y esa petición al cielo, no había sido lo que yo esperaba o lo que yo creía que era lo mejor…?
Bien; pues este fue el cambio que llegó a mi vida.
Pero déjame decirte, que, aunque en ese momento no lo podía ver,
sí era lo que yo necesitaba.
Pero, no sólo lo necesitaba, sino que era la verdad de lo que yo sabía desde hacía mucho.
Incluso antes de casarme con él, yo lo sabía.
Sin embargo, no me hice caso, por el contrario, me convencí de que era el hombre perfecto a pesar de sus defectos, porque reunía todos los requisitos necesarios de mi lista de cualidades y valores indispensables, así que eso lo hacía automáticamente “el hombre ideal”.
Y además me hacía sentir amada-al menos de la manera en la que yo estaba acostumbrada- así que de nuevo todo indicaba que era la elección CORRECTA.
Te voy a dejar volver a leer ese párrafo, porque hay varias bombas de consciencia ahí.
Sin embargo, no fue nada fácil llegar aquí, a este punto en el que puedo reconocer todas esas verdades y compartírtelas hoy.
Pasar por un divorcio es algo muy peculiar y recuperarte de uno lo es aún más.
No obstante, es una experiencia que cuando la vives desde la consciencia, abierta a recibir todo el aprendizaje, es profundamente transformadora.
Por supuesto que sólo puedo hablar desde mi experiencia y no quiero decir que esto sea la verdad absoluta, pero sin lugar a dudas resonará para más de una lo que aquí les voy a platicar sobre lo que fui descubriendo al paso que buscaba sobrevivir al dolor de esa ruptura.
Lo que el divorcio se llevó.
Lo primero fue aceptar la brutalidad de la realidad.
Aceptar que sucedió aquello a lo que más “terror” le tenía:
Perderlo TODO.
Cuando me pidió el divorcio, no sólo me hundí en la tristeza, sino que esa vieja sensación de vacío con la que llevaba tiempo luchando por explicar o eliminar, se hizo inclusive más profunda, aguda y dolorosa.
Ahora sí me sentía completamente hueca, vacía, sin pulso y como si me muriera por dentro.
Y cuando por fin un día paré de llorar, entré en la negación.
Y quería convencerlo de que era un error, de que lo podíamos superar, quería convencerlo de que por algo nos habíamos casado, que éramos algo único, raro en la vida, difícil de encontrar, algo por lo que valía la pena luchar.
-¿Algo de esto te parece familiar?-
Bien, esa es una programación de la que no nos damos cuenta. Pero está ahí, en el subconsciente y es alimentada por todo en la cultura.
Pero antes de continuar desmantelando pilares de la Matrix, me gustaría continuar llevándote por cada etapa de verdad que fue cayendo en mi camino.
Como el hecho de que fue muy interesante ver que en realidad cuando me refería a tenerlo todo y luego tener miedo a perderlo todo, me di cuenta de que en realidad siempre me referí a él.
La verdad era que él era TODO para mí.
Pues como él era literalmente TODO para mí, cuando lo perdí.
Por supuesto que ese vacío y esa tristeza destructiva, eran reales.
En efecto me quedé vacía, hueca y sin nada en mi vida, porque él era TODO.
A él se lo di TODO.
Cuando hablamos de tener este sentimiento por alguien.
En el que ese alguien es TODO.
No es una mentira, y ese es el problema.
Y no me malentiendas, no estoy en contra del amor. Ni de compartir con una pareja.
Pero hacer de esa persona y de esa relación el SOL y por ende el centro de tu universo en torno al cual todo gira, incluyéndote a tí y todo en tu vida. Eso es un error.
Y fue el error en el que yo caí, pero sin darme cuenta.
Y lejos de querer escribirte aquí un nuevo capítulo de Romeo y Julieta, quiero llevarte conmigo a observar de cerca lo que había detrás.
¿Alguna vez has amado a alguien de tal forma que, al perderlo, sentiste que lo habías perdido TODO?
Si es así, quizá esta historia también tenga algo para ti.
Esta es la cuarta carta de mi Diario del Regreso.
Durante las próximas semanas voy a continuar compartiendo contigo el camino que me llevó de regreso a mí.
